El amor es uno de los términos más confundidos de la humanidad, junto con algunos otros, como corazón, Dios, etc. Realmente el amor es esa energía del corazón (del chakra del corazón - 4º chakra) que significa “Unión”. Es una energía que está más allá del yo (ego), más allá de sus emociones, sus pensamientos y sus deseos. Es una energía universal que no tiene opuestos (es decir no ama unas cosas y des-ama otras). Y por lo tanto es una energía que nunca está unida al sufrimiento, pues está unida al Ser que realmente somos, y ese Ser (la esencia de Dios, del Espíritu…) está más allá de las dualidades, tengo, no tengo, me quieren, no me quieren. Precisamente, a través de la presencia o no del sufrimiento, podemos identificar cuando estamos en el ego o nos hemos entregado (corazón) a la Presencia del Espíritu en nosotros. Siempre que hay sufrimiento no hay amor real, hay un ego aferrado a algo que desea y que cree no tener.
Desde la óptica del amor del ego, la sexualidad es algo distinto del amor. Desde la óptica del Espíritu la sexualidad es nada más que una poderosa energía. Nosotros la podemos utilizar desde el ego o más allá. Pero su esencia no es distinta del amor.
Lo que siempre hemos llamado amor, estar enamorado… no es tal realmente. Lo que hemos llamado sentir amor por alguien no es sino, “el Hijo de Dios, olvidado de Quién es y perdido en otro yo, en otro ego”. Lo digo en términos menos cristianos y más yógicos: “es la mente dormida, olvidada de su Verdadera Naturaleza y perdida en otro ego al que cree necesitar para completarse”. Lógicamente, cuando esto es así, el sufrimiento viene de la mano. Pues siempre se presentará cuando buscas en el sitio equivocado. El fracaso será inevitable cuando busques el amor donde no se puede encontrar, cuando busques la paz donde no existe, cuando busques la tranquilidad donde no se encuentra… Es decir, en el exterior.
Este texto me lo envió Carlos, una gran influencia para mi últimamente. Pueden leer su blog aquí.